lunes, 9 de abril de 2012

Miroslava.

Ofrezco las rutilantes perlas al solsticio de una embarcación.

Negra es la luna sopesada por dunas de ninfas y estrellas agrestes.

Postrar es ponderar el sosegado bermellón de tu boca.

Grácil como anochecer abrupto de cándida iluminación sinfónica.

De alados remansos uniformes, oscuros.

Noctámbulos esparcimientos abrazados a la etérea virginidad del cosmos que sigilosos escrutan la rapaz llamarada.

Atalaya sin cuartel.

Sombras de tu piel en mundos apolíneos permutan el placer del Sol.

Muere entonces la ausencia idílica de las almas muertas.

Suntuosa espora de cientos de brillos milenarios y opulentos.

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