jueves, 4 de noviembre de 2010

Gaghiel Perez

Gaghiel Perez

Carga su mosquete de soliloquios tiernamente maquinados, pero teme disparar, teme la reacción física e inexorable de sus actos, sabe que el culatazo retorico de sus palabras, le regresara no solo un pésimo sabor de boca, si no, una endemoniada golpiza, que tullido le tocara andar, aun después de todo, sabe que debe hacerlo, la libertad está a solo unas cuantas palabras, el nunca había imaginado que unas pocas silabillas prófugas, pudieran redimirle, y a la vez condenarle a un sufrimiento eterno, da tres pasos hacia el objetivo y evita mirarlo a los ojos, sabe que cual Gorgona es capaz de inmovilizarlo en idílico stand-by que de nuevo le presente una visión; excelsa, beata, ante su ciego raciocinio, y el no es ningún Perseo, poco menos, apenas y a remedo de hombre se asemeja. Y así imaginado ese vehemente ensoñamiento, se muerde fuertemente los labios, sangran, se contraen de dolor, despierta abruptamente del tormento, y apunta fielmente justo a la marmórea efigie fría pero idealizada que guarda en su mente, mientras se debate el momento oportuno para disparar, se cuestiona por aumentar la pequeña sentencia por un magno discurso; una prosa sacrílega, que profana, en laureles putrefactos logre amortiguar el sufrimiento venidero. Pero no lo hace, simplemente se lo grita de repente, la fuerza de su intrepidita oración desgarra la estatua, y esta se desquebraja en un mar viscoso que se va al carajo por la puerta infinita de los recuerdos acartonados, ese gusano de ocio y pereza mental comienza a devorar la sobras del otrora gran blasón, Y la reacción de aquella acción le llega de vendaval, y es arrastrado por sus mismas palabras, y la oración regresa vuelta un párrafo extenso, donde solo una somera idea principal lo atormenta con el peso de mil y un soles, en cuenta cae que su sollozo de nada le libera el afligido pecho, y se arrastra a tientas con ese gran peso a cuesta, llega hacia la desmoronada escultura que yace en las fauces del gusano del olvido, y le arrebata unos cuantos pedazos, se bate como perro embravecido, y logra ahuyentar a los fantasmas propios de su fe. La luz se apaga, y un reflector lo señala en tercera persona, se ve tan pusilánime como ha sido concebido, se mofa de el mismo, y piensa que hay una bella mariposa dentro de ese pútrido capullo que llama cuerpo, sabe que esa linda metamorfosis le elevara fuera de toda ese maullar famélico que lo acongoja, pero antes debe descarnar, destruir ese vehículo inservible, que tercamente lo encadena a sus recuerdos, Pero termina el acto antes de lo previsto, y es vomitado circuncidantemente hacia la plaza, y tres, de pronto dos, y luego uno, el musical comienza, es la macabra puesta de su tonta vida, y ahí en las inmediaciones del telón de Fausto, en el anfiteatro del señor mosqueado, es forzado a verse repetir errores por eternidades y vueltas de su vida. La obra es un éxito, Los esbirros y miñones del inframundo hacen colas para verla una y cien veces más, y el espera, se deja flagelar, es el actor principal de su desgracia, añora una cura para su terco mal, y el recuerdo de helénicos tormentos, le da la mentada paz, proponiéndole sus cuencas vaciar, y así lo hace sin prisa ni lamentos, primero el ojo izquierdo, aun con esas pupilas café demencia, luego el ojo derecho, y ambos al canasto de la basura, al magrero de gusanos que pulularan en aquellos ojos que solían ensimismarse en los otros. Cuando al fin cumplido su condena ha, el señor de todos los infiernos; el mosqueado Lord que con botines de tormento brincotea de aquí, y cuya, con sonrisa picaresca, y bellas gemas por collar, le pregunta al condenado, su edicto que lo ha llevado a entre sus sulfúricos palacios deambular, Mas el hombre los labios se ha quitado ya.

sábado, 30 de octubre de 2010

Manicomios de Babel, rapsodias de Calcúta y vinos de Dublín.

Diáfana la galaxia se encuentra y deshilvanando cabalmente los tumbos de la sirena corsaria voltea al centro cortesano de la risa onírica que emanan las hojas mordáces de un Chac-mool, Odín o Bukowski perturbado de la memoria y lúgubre esencia de mujer de llama escarlata y olivo manantial. Hasta siempre cordura mia, letargo y locura taciturna. Fenezco! Tan sólo el laúd y el espejo estambulí de las rivieras gobiernan éstas rapsodias tranparentes y naturales de los sonidos de tu falda. Meces tu lejana boca en las elípticas olas de mi razón y caigo inconsciente en los mares profundos del universo de tus ojos.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Oriun död nuirO

Oriun död nuirO

Torpe arrastre y la calle rota, los pies molestos llagados lloran, llaman al descanso, después se vencen, venidos vetustamente en dolor, dogmatico doloso, y la calle infinita lo aborrece, abominable aborigen, que señalado escapa, estoico estupro de su raza, que violenta con su verbo al padre santo, sana sanguijuela de palacetes diesmicos e indulgentes, inadecuadas inadaptancias, que martillan al pusilánime autóctono, autómata autista de lagrimas desérticas; corruptas correosas corridas que deslizan sus mejillas, arrastrando las penurias en la rueda de la quasivida, vieja vid viciosa, vil vituperio vivaracho.

jueves, 21 de octubre de 2010

¡Ecaret, Exumaret Na’thel!

¡Ecaret, Exumaret Na’thel!

¡Espesa incoherencia, velo de fragante asombro, retumba inerte

Álzate pues, en palastros de sacrílegos edictos!

Roe, las leyes del efímero Humano

Cumple mi viperina voluntad, y azota con el flagelo de mil y una potestades

Preséntate como legión en los abismos, y hurta las miradas del atónito mortal

Velo andante, repulsiva mortaja de los olvidados ídolos, ¡repta!

Prueba la amoral justicia de tu seda aberrante

Arremolina sus quejidos, ahogándolos en los placeres conspicuos de la eternidad

Estremece ya las visiones, y erige mesías de arcilla que se desmoronen ante la primera lagrima de su carne.

Pequeño funesto trapo, yo te convoco, de las fauces de los avernos….!

viernes, 15 de octubre de 2010

De hechizos y otros conjuros otoñales.

De la altura de un ocaso
se musitan los serenos valles
de una ninfa occidental
que da la muerte perfecta al ciervo redentor.

Aquél despojo amargo y deseado
incordia lastimosamente con estrépito y penumbra
a sacerdotes mudos que inmóviles ven con benevolencia
los actos ancestrales de la bruja.

Maldicen y bendicen con el yugo de su vida
las manifestaciones evocadas por su mano.

El incienzo de su boca habrá de prevalecer
por siglos en los aquelárres profanos de la belleza humana.

Así, hasta que el universo colapse y nazca una tarde púrpura
capaz de iluminar de nuevo a la ninfa.

*A Yeyetsi.

jueves, 14 de octubre de 2010

Hybris

Eres la hybris de mi palabrería

Vuelta lacónica y un mármol de arabia
Esculpir en tu nombre la grandeza de las olas
Solo para verlas desquebrajadas en la sutileza de tus voces
De esa boca que a latigazos explica, hiere y lamenta

Eres la hybris de mis elegías

Extraviada cuenca que mi cuerpo encuentra perfecta
Simetría ilusiva, donde las manos necias se abalanzan
Tú, memento de los dioses inexistentes, de mí atormentada psique
El nicho imperecedero de mi fugaz deseo

Eres la hybris de mi lujuria

Beldad cuantiosa que sempiterna marchas sobre mi memoria
Celadora de mi pensamiento astral
Que zozobra entre los recovecos de tu cuerpo
Abdomen de nirvana insospechado, terciopelo vehemente del firmamento de mi onírica estadía

Eres la hybris de mis entrañas

Centellante lumbrera, exquisita aristócrata de oropel y cristalina sabiduría
Y es tu mente que opaca a tu belleza
Y es la musa que batalla con la idealista
Hybris de vertiginosas contradicciones,
A la que estoy condenado a abrazar, hasta que el choque de su ser despedace mi existencia.

jueves, 23 de septiembre de 2010

El extraviado libro minimal de una conquistadora.

Mi espíritu es un Lecumberri para tu espíritu. Western. Lúz para Morricone. Filosofía boreal de carácter glaciar. "In Blues we trust". Mundo irredento. Vino para mi marginación. Goddess have mercy. Outsider y maldito. Redime mis pecados. Destello de luna árabe. Entra a mi jauría. Siddhartha. Solémne decálogo que marchitas mi catástrofe. La noche dispersa en el ecuador de tus caderas. Rendición. Escudriño tus naves conquistadoras. Edén. Haz de mi un Derviche. Kurdo o lánguido. Dionisiáca mujer que bajaste de la estratósfera del Om y retaste a muerte a los poetas.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Exánime

Exánime

El viento parece evadirlo, el cielo le voltea una cara gris, y las miradas se desvían como si la luz no pudiera penetrar su oscuro semblante, tiene el seño fruncido, desgastado por el ir de los inviernos, sus atavíos melancólicos solo lo hacen perderse entre el bullicio citadino, sus ojos, que como cuencas semivacías atisban el horizonte, extraviados, perdidos en un secreto inconfesable. Las paredes lo regurgitan, su cuerpo se arrebata flagelado no por la ira del acero, si no por la indiferencia del sopor, su piel yerta se extiende sobre sus huesos, es un cadáver que deambula, que solloza sin sonido alguno la pérdida de sus entrañas. El vaivén de pululantes peatones, lo evita, lo ven moverse pero saben que es un muerto trotamundo, un aberrante despojo, gris lamento, memento del pasado, un manojo de cabellos desalineados, un otrora hombre que ha presenciado el momento en que su anima ha decidido abandonarle, dejándolo sin nada que vender a Satanás.

Confinado al averno exitencial de su memoria, a la dantesca sentencia autoproclamada, Un triste pseudo fausto que fatuo se encamina a su martirio...

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Vorágine

Y tantas ballenas noruegas a la distancia
la verde tundra esbozó una tempestad paralela.

El más absurdo teatro se infestó de lunáticas familias albinas y risas escuetas.

El carmín de su aroma reclamó al mundo con desdén.

Exigió de mis adentros un tanka y un haikú.

Y si alguna vez regresara a la tierra juré crearle una mezquita entera de literatura.

Mi literatura que cabalga sola en las agresivas olas del universo y en las páginas eternas del alcohol, en las notas de Chopin y en las noctámbulas alas de su vientre.

Si esta noche no me abate el desierto de Caín, la luna se verá avante.

Despertará con estrépito y a modo de culto ofrecerá su luz a tus fervientes noches de expedición cósmica.

domingo, 12 de septiembre de 2010

General Urrutia I

General Urrutia

/preludio/

Repentinamente sonó la canción que no esperaba, dejo las llaves en la mesa, y se detuvo un poco a escucharla, su juventud se revolvía en un vaivén psicodélico, que le impedía destrabar su cuerpo, las correrías en las calles, cerveza y zorras baratas, le roían los labios, como recordándole lo sagaz que fue, esa misma canción, le había valido tantas noches de juerga, de represalias samaritanas que lo encapsulaban en la escoria social, el bullicio del estribillo le llevo a tocarse las cicatrices de la cara, y los nudillos se regocijan de recordar, la cantidad de dientes , de bastantes pendejazos que los reclamaban, pero nada comparado al coro, ese que sabía de memoria, y que su cuerpo fantasioso le pedía cantar, primero comenzó lento, como aquella vez que se tiro a Susana en la parte trasera del bus, pero luego canto a viva voz, fundiendo su recuerdo, mientras vapuleaba al pobre chico judío en el barrio de sus abuelos, -ah hermosa juventud le decía la sangre reseca de sus venas-. Se quito el abrigo fino que le arropaba, y se desabotono dos ojales en la camisa, fue directo a su mini bar, y sirvió el conagc, de noventa dólares la copa, se sentía realizado, esa canción le devolvía lo jueputa a la carne, sus dientes apertrechados en oro, hacían el juego perfecto con sus vasos de elegante cristal, y la charola de plata donde el alcohol reposaba, le brindaba un aire jubiloso al maltrecho anciano. La peculiar canción llegaba a su parte culminante, el viejo caminó hacia la estantería de jamás leídos libros, y tomo los habanos, aquellos que había quitado a un viejo revolucionario cuando entro a robar a su casa, esos viejos tiempos no volverán; se pasaba por la cabeza, abrió la caja de habanos, y dentro había algo que le regreso una sonrisa casi infantil, un habano y un pequeño revolver, -Con eso no mataras a nadie le decía un joven en su cabeza- Oh pero este se equivocaba, este cabron ya había trepanado unos cuantos necios con esa Insulza chinampina. Rebano el habano con su cortadora de oro, saco los cerillos de su bolsa, y lo prendió fugazmente, el sabor era asqueroso, nunca le gustaron esas porquerías, solía fumarlos con sus camaradas políticos, y una que otra puta de los arrabales, lo dejo a un lado, la canción ahora disminuía de tono, la voz roncosa de lija iba lentamente apagándose en una fatua melodía disonante, el decrepito tomo el revólver, lo acomodo en la sien y jaló el gatillo, el golpeteo del martillo, le quedo tan grabado en la memoria, que al momento de despertar cuadripléjico en la cama del hospital, maldijo a todo el universo, con esos ojos de serpiente que aun le centellan en las cuencas.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Divina inspiración (a la moza musa mía)

Divina inspiración (a la moza musa mía)

Saeta cósmica que surcas la bóveda de mis lamentos, Sagita exánime que forzáis mi pecho a sangrar copiosamente.

Mirada escarlata que desnuda mi tormento, felicidad tallada en piel, en caderas rebosantes de enérgica alegría.

Taciturna ninfa, que cual aurora te apeteces apareciendo en mi mancillada vida, dándole un fuego descomunal, ya encendida, ya en el vacio hundida.

Musa infinita de belleza sempiterna, donde Apolo deleitante deja bañar sus hazes, sobre tus áureos rizos fugaces.

Moza de exorbitante candor, latino es tu cuerpo y sabor, danzante tu vientre a placer, baila a los dioses y dejadlos extasiados a través de mis conspicuas grafías.

Llévate mi sin sentido en tus brazos, tomad mi amedrentado intelecto, y sacrifícalo a tu poder, regente de mi luna extinta, duquesa del suspiro mío anhelo, húmeda Venus de mi sueño arrebatado, permíteme consagrarte a ti esta noche, humilde, boyante entre tus labios, entre el deleite carmesí que tu boca recelosa ofrece, dejad que Prometeo obsequie ya su fuego, que yo me quedo con el candor ardiente de tu pecho.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Tlaltecuhtli

Lamento de las noches serpientes de tus noches obsidianas, torrentes de luz inundan tu danza mítica que atraviesa el eco de la aurora.

Infinitos desiertos de jade brillan a la sombra de la iguana celeste, ritos de madrugada sobre peyote marino embellécen la catársis de tu música.

De noche las estrellas retumban una a una, el cadáver de la galaxia viaja a Mictlán.

Invocas el ojo desnudo del quetzal humano y saltas de éste mundo a otro, revuelas e incendias las conciencias mortales que vagos fenecen ante ti.

Y asi la furia del viento se llena de vida al poseer los plumajes de tu espíritu de diosa.

martes, 24 de agosto de 2010

in the land of Hiel in fho!

In the land of Hiel in fho!

Na nara nana, fire dancing across the sky, tumbling chaos whining towards the night, shadows spoken, in a ethereal form, clouds of entombed wisdom fall apart, in the land of hero’s, in the land of snow, in oddity of pure vanity, where eagles dare to step aside at the cosmic boundaries of time, feel the reapers breath, feel the frost bite, feel the shiver in your soul, and cry, lo for a new down, where the dreams, and the fallen, melt theirs spirits, wild and free, Na nara nana.

The jaw jammed at the mariners face, the words stuck, in his old tricky, softy mind, the world, stopped, and his eyes gazed, like a and old tricky, softy storm, in the land, of Hiel in fho!

Lo mariner so creep and old, Lo mariner dance you fool, why to wait, until maelstrom strike, took your craft, and come back with god, don’t dare to fall to the abyss, in the land of Hiel in fho!

Wicked eyes, hardened thoughts, and a flicker light that don’t dare come, is the place of Hiel in fho!

Have this time you fallen, my, old fool tricky, mariners cohort, mayest your hearth, and your soul, respite in the land of eyes, where the nameless shadows, will companying you, till the end of thy lord kingdom.

Now a song will be played, towards, a raging ocean pale, old fool mariners, while cry to thy friend, that refuse the sky, resting in thy abyss, where the flicker eyes gather to astray.

martes, 17 de agosto de 2010

Prístina, parisina y perfumada /fragmento/

Prístina, parisina y perfumada /fragmento/

La luz se retrae sobre el candil, y la habitación se muestra taciturna, y maltrecha de color, se vuelca negra, y aberrante, ella suspira un poco, la oscuridad parece materia, el sonríe, su mente hilvana lujuriosas andadas que lo llevan de ahorcajadas a aquel cuerpo, tan vacilante y lleno de jugosa vida, que está; a solo unos metros de él, Ella tose un poco, para romper el silencio, ese sin sonido incomodo que le provoca una sonrisa maliciosa, y que inflama sus mejillas de un carmesí delatante; El comienza a hablar con la voz entrecortada: - ha sido el viento-, “que viento más oportuno” se dice en sus adentros, camina directo al candil, levemente visible por la luz de los faroles parisinos que se extienden en la lejanía: Pero no llega, se tropieza misteriosamente para ir directo a las piernas de la extrañada señorita, ella no repara, solamente deja que sus miembros se separen como naturalmente lo hace la nieve en primavera, el silencio del aire, deja entre sentir los latidos exacerbados de sus corazones, el mueve rápida y desmesuradamente sus brazos, hacia la cadera, el vestido de encaje alemán, le raspaba los brazos, pero no era rival, contra el deseo que fugazmente le consumía el corazón, la joven, de pronto sintió una extraña, húmeda, cálida y exuberantemente nueva sensación, se vio en la necesidad de emitir sonidos tan inapropiados en aquel parís lejano, ya el rubor que corría por sus extremidades le hacía temblar, jaló al mozo del Frac de lino café, y lo llevo a sus mortecinos labios que yacían un poco descuidados por el embate de la noche parisina, ambos, probaron el dulce sirope, que los labios ajenos dulcemente ofrecen, la noche se inflamó en placer pletórico, demencial, los cuerpos incontrolados de los inexpertos jóvenes, respondían espasmódicamente, los gemidos de mil y un bestias, avergonzaban al zoológico francés de moda, y los almizcles exuberantes harían que las perfumerías más exquisitas se vieran abochornadas, el delicado corset fue ultrajado con saña, y quedo desparramado, en algún rincón de la oscura habitación, las manos se convirtieron en fieles ministros que daban legalidad de cuanto tocaban, sus palmas, escudriñaban, aquellos incólumes senos, que exóticamente se habrían como frutas de alguna prohibido paraíso, y el probarlos hacia recobrar el vigor de mil hombres en un instante, la hermosa calzada que era su abdomen, lo llevaba por un perfecto camino marmolado, donde el oricalco, se remataba en una fuente honda, y que era tan apetecible para morder y tocar, y mas allá de la fuente, se encuentra una cóncava hondonada, levemente adornada por un fino forraje que habría que recorrer para llegar al lugar, donde su boca ahora se hendía, Ho!, Venus de los lujuriosos sueños, fugaz fue tu caída maculada, sobre el impertinente océano, de aquel ilegitimo encuentro naciste tu, y los hombres arrodillados quedaron al momento, Arrodillados como ahora yacía el joven amante, deleitándose, en el manjar inequívoco, de la noche acongojada.

lunes, 16 de agosto de 2010

Una puta plegaria del oeste.

Exhumado y atraído al nauseabundo cielo que no es otra cosa que la ridícula pereza religiosamente romántica que da tumbos por doquiér.
Mártires, prostitutas de arrabal y mujeres del desierto que danzan en las cortinas de la soberbia felina.
Mañana, cuando la selva haga justicia al fin al centeno, podremos citar las páginas más densas del pensamiento, palabras antiguas en vocablos extranjeros para la comunión mediática.
Ruega sirena mía por la aparición de las prohibiciones y de laberintos de tu roja boca. Boca manchada de sangre de olivo.
No mueras aún. No ahora que el sol a desgarrado mi alma y las dunas del oeste se apilan una a una para cubrir tu inafortunada piel de cabaret.
Veré de nuevo el vacío de la trémula sed y ofreceré mi conciencia a la primer tormenta.